Páginas

Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta crítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crítica. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de enero de 2012

Cómo leer en bicicleta, de Gabriel Zaid.



Entre la inmensa cantidad de textos que se entremezclan en un puesto de libros usados, descubrí hace unos días uno que llamó mi atención: Cómo leer en bicicleta de Gabriel Zaid. Desde luego que lo tomé pues el nombre me atrajo considerablemente, y sin revisar la contraportada, ni mucho menos leerla, lo compré y me apresuré en llegar a mi casa esperando disfrutar de aquella lectura. No me defraudó.


Meses antes había leído una compilación de ensayos que realizó CONACULTA a la cual titularon El costo de leer y otros ensayos que amenizó mis horas muertas en el transporte público durante unos días, mostrándome las grandes limitaciones con las que contamos a la hora de elegir una lectura y cómo la sobreproducción de literatura de mala cantidad ha sobrevaluado la industria del buen libro. Desafortunadamente, en una venganza por parte de la Mafia literaria que él tanto delata y ningunea, ese libro no está disponible en librerías y sólo es posible encontrarlo en la biblioteca Vasconcelos y otras tantas de CONACULTA, a costa de ceder los datos personales a una dependencia como la antes citada. Como se podrá ver, yo ya había corrido el riesgo.


Algo que noté en ambos libros es la buena administración de las palabras y las ideas; la organización en el orden de los ensayos y el uso de un lenguaje que los lectores agradecemos profundamente, sobre todo después de leer libros teóricos cuyo afán de legitimidad parecería centrarse en la complejidad de sus palabras; no confundamos la facilidad del lenguaje, con la mala calidad literaria. Por eso, Gabriel Zaid es un autor que no busca decirnos lo que queremos oír, sino que nos reta, nos reprocha, nos cuestiona, nos altera… nos hace pensar mientras nos entretiene.


Cómo leer en bicicleta supera con mucho a El costo de leer (del cual hablaré en otro momento). A lo largo de casi doscientas páginas que se pueden leer apaciblemente en una sentada, o bien en varias sesiones claustro-sanitarias, el autor nos invita a pasar por las tertulias literarias, haciendo pública la pequeña vida intelectual de México en los años sesenta y setenta.


Rompiendo con lo políticamente correcto, y en un acto de cinismo, nos confiesa que le convino hacer crítica político-literaria ser un soplón de la república de las letras. Cuando nos anuncia el contexto en el cual escribió este conglomerado de ensayos, nos atrae aun más a leerlo.


A lo largo de las páginas y los textos delatores de la corrupción en los círculos literarios; Zaid nos muestra gradualmente las deficiencias de los intelectuales de este país, desde el interés en que los profesores de universidades provincianas de los Estados Unidos hagan crítica literaria antes de que se le ocurra a un connacional, pasando por la propuesta de ser un país para las visitas ejemplar, hasta las deficiencias en las antologías poéticas y la pobreza de la crítica literaria, pidiéndonos a gritos un utópico escritor que quiera leerse toda la obra escrita en los principales centros del mundo y reseñar cuanto texto le llegue a las manos, sin amigos que influyan en sus decisiones, ni necesidades económicas, gran hombre de letras, totalmente independiente, que no sea un fracasado y que quiera impulsar a la chipil literatura mexicana.


Al buen lector que, sin embargo no le interesan los chismes de vecindad librepensante, podrá parecerle toda esta primera parte una lectura inútil de rumores mal infundados que sólo muestran importancia para ese cinco porciento de mexicanos que lee. Pero su objetivo principal –y el cual no hemos referido– no es hacer un tvnotas intelectual, sino denunciar algo que nos había pasado desapercibido a los demás: La gran mayoría de los intelectuales al servicio del Poder omnipresente de la figura presidencial son los que han provocado esta corrupción. Sin duda lo que pasa en la superestructura también repercute en los hechos de este país. La censura y represión que hay sobre los intelectuales por parte del gobierno priista son la envidia de otros países [comunistas y liberales] a los que les cuesta más trabajo controlarlos. Todo esto parece concluir con una protesta frontal a los crímenes de 1968, de los cuales reprocha la complicidad y la falta de valor a la hora de indignarnos; “Estamos dispuestos a matarnos antes que a franquearnos” nos dice, no nos extrañe pues que nuestros gobiernos prefieran el genocidio y los crímenes de guerra antes que sentarse a discutir. Pero la crítica no es ese acto destructor que solemos practicar todos los días hacia aquellos que subestimamos. Es un hecho consciente y con fines productivos, no como lo que concebimos hoy en día respecto a nuestros gobernantes. “Tenemos que curarnos de esta ilusión piramidal, hasta hacernos más responsables de los minúsculos poderes que sí tenemos, en vez de pasarnos la vida esperando a que el siguiente mandamás haga buen uso de su poder”.


Qué paradoja enfrenté al leer la contraportada, pareciera que en otro desquite por parte de la industria editorial que tanto critica le otorgaron un elogio rimbombante de los que tanto satiriza.


Gabriel Zaid es, entonces, un intelectual de esos de la corriente alterna, como le llamaba Octavio Paz, divertido, pero no por eso frívolo; al contrario, por ser entretenido nos parece más digerible la intragable realidad nacional de la que habla, que al parecer no ha cambiado en nada.

Octavio Paz o Las Trampas del Poder (Primera parte)

“¿No pasa nada cuando pasa el tiempo?”
Una Introducción
He escrito y escribo por movido por impulsos contrarios: par penetrar en mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener el instante y para echarlo a volar. En suma, para vivir y sobrevivir.
Octavio Paz ha sido un pilar esencial dentro de la literatura hispanoamericana y universal; un referente para explicar el crecimiento y reconocimiento de las letras mexicanas en torno a las letras iberoamericanas. Nacido en los albores de la Revolución Mexicana, un pensamiento complejo, abigarrado y contradictorio envuelve sus reflexiones. Hombre ecléctico, erudito y existencialista; barroco, romántico, surrealista… Paz ha sido el símbolo de nuestros intelectuales y el único mexicano en ganar el Premio Nobel de literatura en uno de los países en donde menos se lee; el autor más conocido de México y entre los mexicanos, el más criticado por los académicos, pero el menos leído por todos –incluyendo al público en general–.
Nótese que escribí: ‘el autor más conocido’. Alguna vez una campaña publicitaria en la que se promocionaban sus libros utilizaba la siguiente frase como slogan: Para criticarlo, primero hay que leerlo. Esto nos muestra más de lo que parece: no sólo es la cuestión de no ser leído, esta idea también nos habla de lo que entendemos por crítica.
Para abordar la obra histórica de Octavio Paz, íntimamente relacionada entre sí, y particularmente en la biografía de sor Juana; debemos hablar de la obra histórico-antropológica más importante, –o al menos la más conocida– de su producción. El interés de este autor por la historia estalla casi desde sus primeras letras, pero se alimenta a la par de su afición por el existencialismo y el estructuralismo, los cuales sintetiza (en el estricto término hegeliano), pues para él sólo son simples formas de ver al mundo, meras cosmogonías contemporáneas.
El Laberinto de la Soledad es la explosión de todas esas inquietudes que le surgieron en la infancia y le venían atormentando en los años anteriores a la redacción del libro. Con un padre liberal y anti-gachupín y una madre española, Paz se enfrenta a una de las contradicciones más importantes de su vida, la de su origen y su identidad fundada en la oposición al otro. Todo esto cobraría mayor sentido a partir de su participación en la guerra civil española.
Otro factor por el cual estudió lo mexicano fueron los recuerdos que le venían al sentirse doblemente un extraño: primero al ser considerado un extranjero en Estados Unidos en el kindergarden, lo cual no era del todo falso. El conflicto estalla cuando al volver a México, es visto nuevamente como alguien ajeno, al ser considerado gringo, convertido en un peregrino en su patria. Años después, al percatarse de esta relación entre la otredad y lo propio, reflexiona sobre ese pasado y llega a la conclusión muy sabida por los estructuralistas: la cultura se forma en la exclusión de aquellos individuos que son diferentes. Esas son básicamente las razones que lo llevan a escribir El Laberinto de la Soledad [1].
A pesar de ser un texto muy general, y de atribuírsele a la antropología, El Laberinto es una obra histórica, y que tiene la virtud de ser, a la par, una historia de la poesía en México, pues para él es ésta la expresión cultural más sublime y libre, por lo cual estudiarla es encontrar testimonios inconscientes de la realidad. Esta idea es antecedente para una de sus obras más importantes, la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la fe, de la cual hablaremos a lo largo de los siguientes meses. En Sor Juana Inés de la Cruz, vemos culminada la investigación de toda su vida, una biografía y un estudio reflexivo a profundidad sobre el contexto cultural de la poetisa.
El hombre no es más que un hombre de su tiempo, pero aún es hombre, un ser pensante, y puede cambiar su entorno. De ahí la vasta obra biográfica que nos hereda. Esta idea, aunada a la bifurcación identidad-alteridad, nos lleva al fundamento, piedra angular de su obra historiográfica: todas sus biografías son en parte una autobiografía y una descripción hagiográfica del propio Paz. Del mismo modo, todos sus demás ensayos sobre lo mexicano giran en torno a la experiencia personal. Es la total afirmación de que la obra histórica es también una obra biográfica. Por eso, y del mismo modo, su obra poética tiene constantes alusiones a personajes históricos, algunos infantiles, históricamente hablando, pero que se caracterizan, paradójicamente por buscar su individualidad. Todo esto hace de la obra de Paz Inclasificable desde los parámetros cuadrados de la teoría, o clasificable dentro de diversas corrientes muy distintas y contradictorias.
En este sentido, su obra permeó en el ambiente no académico, por la frescura de sus argumentos y la difusión con la que contaron sus escritos, al grado de volverse un símbolo en la manera de ver y difundir la historia. Cabe señalar que aunque su best-seller (El Laberinto de la Soledad) sea casi de lectura obligada en las escuelas, los textos de Paz no son de divulgación, aun cuando no sean del todo eruditos. Son libros para pensar. Por eso vemos en su obra la idea de enseñar algo nuevo al que no sabe y le interese saber, no por educar a la fuerza a quien no le importe el conocimiento.

Octavio Paz

Por último, vemos su obra histórica impregnada de su idea política. En Postdata, critica a los gobiernos mexicanos, así como a los soviéticos, a corrientes de derecha e izquierda. Habla pues, de la tercera vía. En ese sentido no aborta los fundamentos teóricos y metodológicos de la ideología por el simple hecho de que sus defensores sean unos tiranos, por eso es capaz de usar sin ningún empacho formas metodológicas del modelo del materialismo histórico para explicar a México, a pesar de la crítica que hace a los gobiernos comunistas. Esto se debe a su decepción hacia las ideologías en la praxis, para utilizar términos marxistas, no en la metodología. En Itinerario, llega  declararse más cercano al anarquismo, sin embargo nunca publica algo sobre este punto de vista.

Aun cuando su obra se ve permeada por todas las corrientes de pensamiento posibles, los procesos de síntesis a los que llega Paz son sumamente significativos, pues nos sirven para acercarnos a la historia de las ideas.
Aunque la soledad, la comunión, y la universalidad están presentes en toda la obra ensayística de Paz, la biografía de sor Juana es la obra cumbre en cuanto a estos principios se refiere.
Para culminar esta primera aproximación debamos señalar que en la bibliografía consultada para la realización de este trabajo, poco se menciona sobre Las Trampas de la Fe, pues el libro más analizado, criticado y leído, sigue siendo El Laberinto de la Soledad. Por ejemplo, Xavier Rodríguez Ledesma incluye en su obra sobre el pensamiento político de Paz un estudio sobre la obra en un párrafo de la página 103.[2] Por otro lado, en la obra de ensayos que coordina Héctor Jaimes sobre Octavio Paz,[3] se menciona igualmente muy poco del tema.
En el trabajo más pormenorizado que he encontrado sobre este libro, pronto decubrimos que no es más que una mera reseña wikipediosa de Sor Juana…[4]  En fin, próximamente iniciaremos, pues, con la biografía de nuestro autor.





[1] Todas las anécdotas referentes a su infancia pueden encontrarse en “Cómo y porqué escribí ‘El laberinto de la soledad’, en Paz, Itinerario, México, FCE, 1993.
[2] Xavier Rodríguez Ledesma, El pensamiento político de Octavio Paz o Las Trampas de la ideología, México, Plaza y Valdés, 1996.
[3] Héctor Jaimes, coord. Octavio Paz: la dimensión estética del ensayo, México, Siglo XXI, 2004.

[4] Ligia Maria del Carmen Cedillo Godinez, Lo apolineo y lo dionisiaco; dos visiones sobre Sor Juana Ines de la Cruz: en Las trampas de la fe de Octavio Paz y Yo, la peor de todas de Ma. Luisa Bemberg, Tesis de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanicas, México, UNAM, Facultad de Estudios Superiores Acatlan. 95 pp.